Rito Hispano-mozárabe

TEXTOS LITÚRGICOS

RITO HISPANO-MOZÁRABE

Ordinario de la Misa del Rito Hispano-Mozárabe -Oferencio-

 

RITO DE LA COMUNIÓN

36. El sacerdote exhorta al pueblo, diciendo:

Profesemos con los labios, la fe que llevamos
en el corazón.

Todos proclaman:

Creemos en un solo Dios Padre todopoderoso,
hacedor del cielo y de la tierra,
creador de todo lo visible y lo invisible.

Y en un solo Señor nuestro Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos.
Dios de Dios, Luz de luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
nacido, no hecho, omoúsion con el Padre,
es decir, de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho,
en el cielo y en la tierra.
Que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación
bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue sepultado, resucitó al tercer día,
subió al cielo,
está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
ha de ser adorado y glorificado,
y que habló por los profetas.

Y en la Iglesia
que es una, santa, católica y apostólica.
Confesamos que hay un solo bautismo
para el perdón de los pecados,
esperamos la resurrección de los muertos,
y la vida del mundo futuro.

Amén.

37. El coro entona:

CANTUS AD CONFRACTIONEM

Si en el Propio no se indica un texto especial, se canta una de las siguientes antífonas:

Acepta, Señor, en tu presencia nuestro sacrificio,
y sea de tu agrado.

O bien:

Danos, Señor, la comida a su tiempo, abre tu mano,
y sacia nuestras almas con tus bendiciones.

O bien:

Descienda sobre nosotros, Señor, tu misericordia,
como lo esperamos de ti.

O bien:

Cristo, acuérdate de nosotros en tu reino,
y haznos dignos de tu resurrección.

En la Vigilia pascual y en el tiempo de Resurrección del Señor:

Venció el león de la tribu de Judá,
la raíz de David, aleluya.

Durante el canto, el sacerdote parte el pan consagrado y, mientras coloca las partículas en forma de cruz sobre la patena, va evocando los misterios de Cristo que se celebran en el año litúrgico.

  1. Encarnación  
6. Muerte 2. Nacimiento 7. Resurrección
  3. Circuncisión 8. Gloria
  4. Aparición 9. Reino
  5. Pasión  

38. El sacerdote dice con las manos juntas:

Oremos.

A continuación recita la introducción al Padre nuestro

AD ORATIONEM DOMINICAM

39. Prosigue sin interrupción, con las manos extendidas:

Padre nuestro que estás en el cielo
R/. Amén.

Santificado sea tu nombre
R/. Amén.

Venga a nosotros tu reino
R/. Amén.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo
R/. Amén.

Danos hoy nuestro pan de cada día
R/. Amén.

Perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden

R/. Amén.

No nos dejes caer en la tentación
R/. Amén.

Y líbranos del mal
R/. Amén.

Libres del mal, confirmados siempre en el bien,
podamos servirte, Dios y Señor nuestro.
Pon término, Señor, a nuestros pecados,
alegra a los afligidos,
redime a los cautivos,
sana a los enfermos
y da el descanso a los difuntos.
Concede paz y seguridad a nuestros días,
quebranta la audacia de nuestros enemigos
y escucha, oh Dios, las oraciones de tus siervos,
de todos los fieles cristianos,
en este día y en todo tiempo.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por todos los siglos de los siglos.
R/. Amén.

40. El sacerdote eleva un poco la patena y el cáliz, mostrándolos al pueblo, y dice:

Lo Santo para los santos.

41. Deposita sobre el altar la patena y el cáliz y, tomando la partícula —REGNUM—. la deja caer en el cáliz, diciendo en voz baja:

Y la conjunción del Cuerpo y la Sangre
de nuestro Señor Jesucristo
sea causa de perdón para nosotros,
que la tomamos y bebemos,
y de eterno descanso para los fieles difuntos.

42. El diácono se dirige al pueblo y dice:

Inclinaos para recibir la bendición.

Todos responden:

Demos gracias a Dios.

El sacerdote dice:

El Señor esté siempre con vosotros.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

Y, extendiendo las manos sobre el pueblo, imparte la bendición:

BENEDICTIO

A cada una de las invocaciones de la bendición el pueblo responde: Amén Al final de ellas el sacerdote concluye con la siguiente fórmula, a no ser que en el Propio se indique una conclusión peculiar:

Por la misericordia de Dios, nuestro Dios,
que es bendito y vive y todo lo gobierna,
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

43. Antes de comulgar, el sacerdote puede decir en secreto la siguiente oración:

La comunión de este sacramento, Señor,
limpie las manchas de mis pecados
y me haga digno de cumplir el ministerio
que tengo encomendado;
encuentre en él, ayudado por ti,
apoyo a mi debilidad, santidad de vida
y gozo perpetuo en la compañía de tus Santos.

Recibe el sacramento del Cuerpo y la Sangre del Señor y lo da a continuación al diácono.

44. El sacerdote distribuye a los fieles el sacramento del Cuerpo de! Señor, diciendo a cada uno:

El Cuerpo de Cristo sea tu salvación.

El diácono da a beber del cáliz diciendo:

La Sangre de Cristo permanezca contigo como verdadera redención.

Durante la distribución de la comunión, se canta «Ad accedentes» Si en el Propio no se indica una fórmula peculiar, se utiliza la siguiente:

CANTUS AD ACCEDENTES

Gustad y ved qué bueno es el Señor,
aleluya, aleluya, aleluya.
V/. Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca.
R/. Aleluya, aleluya, aleluya.

V/. El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a Él.
R/. Aleluya, aleluya, aleluya.

V/. Gloria y honor al Padre, al Hijo,
y al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

R/. Aleluya, aleluya, aleluya.

45. Terminada la distribución de la comunión, el coro entona la antífona después de la comunión:

ANTIPHONA POST COMMUNIONEM

Alimentados con el Cuerpo y la Sangre de Cristo,
te alabamos, Señor.
R/. Aleluya, aleluya, aleluya.

Durante la Cuaresma, la antífona será:

Se ha llenado nuestra boca de gozo,
nuestra lengua de cantares.

46. El sacerdote, de pie, recita la oración final. Si en el Propio no se indica alguna particular, puede decirse una de las siguientes:

COMPLETURIÆ

Al libar el cáliz de la Pasión del Señor,
gustando la suavidad del cuerpo sacrosanto,
démosle las debidas alabanzas y gracias,
con la alegría desbordante que rezuma su casa.
R/. Amén.

Por la misericordia del mismo Cristo, Dios nuestro,
que con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios,
vive y reina por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

O bien:

Nutridos con el Cuerpo de Cristo
y santificados con su Sangre
demos gracias a Dios, Padre todopoderoso,
para que en virtud de tal alimento,
perseveremos aquí en costumbres santas
y consigamos la gloria en el reino venidero.
R/. Amén.

Por la gracia y la misericordia
de aquél que es bendito por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

O bien:

Alimentados, hermanos, con este remedio sin par,
elevemos nuestras súplicas a nuestro Dios y Señor,
capaz de sanar nuestros cuerpos y nuestras almas:
El que nos mantiene seguros en la esperanza
y firmes en la fe,
alegrándonos con los esplendores de su creación,
nos mantenga también perpetuamente felices,
entre las demás criaturas, obra de sus manos.
R/. Amén.

Por la misericordia del mismo Dios nuestro,
que vive y todo lo gobierna,
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

O bien:

Mientras gustamos, Señor,
la plenitud de tu suavidad y dulzura,
te pedimos que tu presencia realice en nosotros
el perdón de los pecados
y la salvación de nuestras almas.
R/. Amén.

Por tu misericordia, Dios nuestro,
que eres bendito y vives y todo lo gobiernas,
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

O bien:

Colma, Señor, de alegría nuestros corazones,
ya que te has dignado darnos
la Eucaristía de tu sagrado Cuerpo;
de forma que así como somos reconfortados
por la recepción de los alimentos,
merezcamos también saciarnos de felicidad
con tus dones espirituales.
R/. Amén.

Por la dignación de tu misericordia, Dios nuestro,
que vives y lo señoreas todo
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

O bien:

Se ha llenado nuestra boca de gozo
y nuestra lengua de cantares.
El Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, Señor nuestro,
que acabamos de recibir
se adhieran a nuestras entrañas
y nos guarden para la vida eterna,
a fin de que toda nuestra vida aquí en la tierra
sea como un anticipo de la vida celestial.
R/. Amén.

Por tu inefable bondad, Dios nuestro,
que vives, y todo lo gobiernas
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

O bien:

Demos gracias a la eterna Trinidad,
saciados por la gracia de nuestro Señor Jesucristo,
cuya Sangre nos redimió a precio elevado.
Pedimos, pues, que por la fuerza de tus sacramentos,
salgamos ilesos de este mundo malvado.
R/. Amén.

Concédenoslo, Dios altísimo,
glorioso en la Trinidad,
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

O bien:

Saciados por el Cuerpo y la Sangre de tu Cristo,
te damos gracias, Señor,
rogándote con humildad y devoción
que merezcamos tenerte siempre propicio,
ya que tú eres el médico y el sustento de las almas.
R/. Amén.

Porque eres Dios piadoso y rico en misericordia,
y vives y reinas por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

O bien:

Te rogamos, Señor Jesucristo,
concluidos los misterios de este sacrificio,
que los que ahora hemos recibido
el alimento de la vida espiritual
que dimana de tu Encarnación,
seamos saciados de inefables delicias
cuando vuelvas glorioso.
R/. Amén.

Porque tuyo es el imperio, Dios bendito,
que todo lo gobiernas
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

O bien:

Dios, que alimentas a todo viviente
con el sustento material,
aliméntanos con los manjares espirituales
y líbranos de todas nuestras culpas.
R/. Amén.

Con el amparo de tu sumo poder, Dios Padre,
que con el Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios,
vives en gloria por todos los siglos de los siglos.
R/. Amén.

O bien:

Dios, salvación eterna de los bienaventurados
y su dicha inestimable,
concede, te rogamos,
a quienes por tu gracia inefable
han recibido dones tan santos y gozosos,
quedar afirmados en santidad y gozo.
R/. Amén.

Porque tuya es la gloria por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

O bien:

Dios, que por tu piedad guardas lo que has dado,
y guardándolo lo acrecientas:
concédenos la protección
y el patrocinio de tus Santos,
y la alegría que brota, por tu gracia,
de la participación en el Cuerpo y la Sangre del Señor.
R/. Amén.

Protegiéndonos tu misericordia,
oh Dios nuestro,
que vives y todo lo gobiernas
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

O bien:

Después de la comunión de tus sacramentos, Señor,
sea efectiva entre nosotros la remisión de los pecados;
para que donde han penetrado
estos puros y santos sacramentos,
no quede rastro alguno de culpa.
R/. Amén.

Ayúdenos en ello tu diestra poderosa, Dios nuestro,
que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

O bien:

Te damos gracias, Dios todopoderoso,
de quien hemos recibido el pan celestial
y el cáliz de salvación:
imploramos de tu clemencia
que esta santa comunión que hemos recibido
nos procure los remedios eternos.
R/. Amén.

Por la dignación de tu divina misericordia,
Dios único en Trinidad,
que vives y todo lo gobiernas
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

O bien:

Derrama, Señor, en nuestro interior
el Espíritu que procede de Ti y de tu Hijo;
así, purificado el vaso de nuestras almas,
te resultará agradable para morar en él,
Trinidad santa, de manera permanente.
R/. Amén.

Por tu dignación misericordiosa,
tú, que vives en gloria con el Hijo
y el Espíritu Santo, un solo Dios,
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

O bien:

Dios, que otorgas a tus fieles los dones celestiales,
conserva en nosotros la gracia que nos diste.
Florezca en nosotros el don recibido,
y el alimento espiritual aproveche a nuestras almas
y al cuerpo que las alberga.
R/. Amén.

Que nos lo conceda así tu clemencia,
Dios piadoso y admirable,
que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

O bien:

Te rogamos, Señor, que nosotros tus siervos
que en este siglo somos llamados a participar sobre esta mesa de tu Cuerpo y Sangre,
no quedemos excluidos de tu reino,
sino que al menos como cachorrillos
podamos participar de las migajas
que caen de la mesa de tu gloria.
R/. Amén.

Tú que vives y reinas con el Padre
y el Espíritu Santo, un solo Dios,
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

O bien:

Dios, que penetras los corazones,
examinas las intenciones,
conoces los pensamientos y salvas las almas:
concede que tu Cuerpo forme en nosotros
un espíritu recto,
que tu Sangre halle nuestro interior
dispuesto a la verdad,
para que, si bebemos el cáliz de la salvación,
no tengamos que beber el cáliz de la ira.

R/. Amén.

Por tu gracia misericordiosa, oh Dios, cuyo reino y poder perdura triunfante por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

 

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